Toda reforma, por pequeña que sea, genera un montón de escombro que en algún momento hay que quitar de en medio. Y no vale cualquier sitio: el escombro es un residuo de construcción y demolición (RCD) y la normativa obliga a gestionarlo en plantas autorizadas. Estas son las tres formas reales de hacerlo.

Opción 1: el contenedor de toda la vida

Útil si la reforma va a generar escombro poco a poco durante semanas. Sus pegas: ocupa la calle (hay que pedir permiso de ocupación de vía pública y pagarlo), se queda días a la vista, y cualquiera puede echarle cosas que no son tuyas… que acabas pagando tú.

Opción 2: las sacas

Para obras pequeñas en pisos con poco espacio. Son cómodas de llenar, pero caras por volumen: quitar el escombro de una reforma entera a base de sacas suele salir más caro que un porte de camión.

Opción 3: el camión que carga y se lo lleva

Si el escombro ya está amontonado (fin de demolición, parcela, obra con acceso), lo más rápido es un camión bañera: llega, se carga y desaparece en el día. Sin permiso de ocupación, sin contenedor semanas en la puerta y con la capacidad de varios contenedores en un solo viaje.

Lo que exige la normativa (y te puede costar una multa)

¿Qué escombro se puede llevar?

El escombro «limpio» de obra: ladrillo, hormigón, cerámica, tierra, restos de tabiques y solados. Los residuos peligrosos (amianto, pinturas, disolventes) tienen canales específicos y nunca deben mezclarse con el escombro normal.


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